Una pigüense inicia un periplo por Perú y Bolivia para hallar a su hijo perdido hace más de un mes

Fabiana Benestante perdió comunicación con Francisco Ciarlantini, que es mochilero, el 23 de diciembre. “Yo sé que está vivo y lo voy a encontrar”, dijo a La Nueva.

 Francisco es pigüense, tiene 24 años y hace 6 que es mochilero. Con sus clavas de malabarista ha recorrido gran parte de Sudamérica en los últimos años, pero desde diciembre no da señales de vida. Su mamá Fabiana, atenazada por la angustia, tomó esta semana una drástica decisión: viajará a Perú y Bolivia para intentar seguir sus pasos y, una vez más, abrazar a su hijo.

“Yo sé que está vivo y lo voy a encontrar”, contó a La Nueva. mientras armaba las valijas. El vuelo sale mañana a las 15.

Su voz es firme, pese a que hace más de un mes que no tiene noticias de Fran. En ese momento el chico se disponía a cruzar a pie la frontera entre Perú y Bolivia para emprender el camino de regreso a Pigüé. La idea era pasar las fiestas con la familia, pero nunca llegó.

“Todo arrancó, en realidad, en junio o julio del año pasado -refirió Fabiana-. Fran cada tanto volvía, se quedaba unos días en Pigüé y se iba de nuevo. Así fue en estos años, pero a mitad de 2019 hablamos y lo noté raro. Decile instinto de madre, pero cada vez que nos comunicábamos algo me decía que no estaba bien”.

El primer incidente serio se produjo en octubre, mientras el chico se encontraba en Lima, Perú.

“Habíamos quedado en que iba a venir para las fiestas de fin de año, y aceptó que le enviara plata para viajar más rápido. Después estuvo más de una semana sin hablarme, lo que me generó mucha angustia, pero el 17 se conectó. Me pidió perdón, me explicó que había estado engripado… y de ahí en más no me escribió más”, relató.

Por esos días -reconoció Fabiana- “caminaba por las paredes” debido a los nervios.

“Yo me quería ir volando a Perú, pero justo mi papá se había enfermado. Pasé 40 días en vilo, hasta que a principios de diciembre pude viajar. No aguantaba más”, confió.

Esa fue su primera búsqueda de Francisco.

“Cuando todavía estaba acá me contacté con uno de sus amigos, Kevin, quien me dijo que lo iba a empezar a buscar. Y me contó la verdad: que a Fran le habían robado todo, se había quedado con lo puesto y que en Tarapoto (Perú) había tenido que vivir un tiempo en la selva, casi como un linyera. Me dijo que incluso había dormido en la calle, que había adelgazado muchos kilos y que se había metido con gente con la que no tenía que meterse. Fran me había ocultado todo eso”.

El 4 de diciembre Kevin le envió un mensaje esperanzador: “encontré a Fran”.

“Me dijo que estaba bien, que se había largado a llorar cuando lo encontraron porque necesitaba ayuda, que estaba con depresión. Lo único que le pedí es que lo retuviera con él, porque yo al otro día salía para allá”, relató.

Francisco (derecha) junto con dos amigos, en una playa de Perú. Fue una de las últimas fotos que le envió a su madre.

 

Fabiana llegó a Perú el sábado 7.

“Cuando nos reencontramos nos abrazamos, nos besamos, lloramos. Después tomamos unos mates y charlamos. No le pregunté nada, no lo reté, no le cuestioné nada; lo único que quería era verlo. Cuando llegamos al hostel me dijo ‘uy, qué lindo: una cama con una almohada. Casi me muero, pero no le dije nada. En estos casos no hay que preguntar, sino escuchar cuando la persona tenga interés por hablar”, confesó.

Con su madre al lado, Fran accedió a cortarse el pelo y la barba, e incluso a comprarse ropa, un celular y clavas nuevas. Y acordaron que iban a volver a Pigüé juntos.

“Me aclaró que no se iba a quedar, y yo le respondí que entiendo que viajar es su vida, pero no de esta forma, porque va a terminar mal. Y ahí me animé a preguntarle por qué no nos había llamado cuando perdió todo. Me contestó que sentía mucha culpa y no quería que lo viéramos como estaba. Sentía pena y tanta vergüenza que, me confesó, en un momento hasta pensó en dejarse morir”, reveló.

El día del regreso a Argentina empezaron los problemas. Fue en el aeropuerto de Lima.

“Teníamos todo listo para embarcar. Hicimos el check-in, pasamos por Aduana y, cuando llegamos a Migraciones no nos querían dejar salir. El argumento era que había ingresado al país hacía dos años y se encontraba en estado ‘irregular’, por lo que tenía que pagar una multa de 800 dólares para irse”, refirió Fabiana.

Como no le quedaban más que 200 dólares, empezó a discutir a los gritos con los empleados peruanos. Estuvieron así largos minutos, hasta que el propio Francisco resolvió el conflicto.

“Me dijo que me volviera sola, en avión, y que él lo haría como siempre lo hizo: a pie, a dedo. Le dije que no, discutimos, me enojé, pero al final me convenció”, recordó con amargura.

El regreso fue el domingo 15. El 17 Fabiana le envió dinero, y el 23 Fran le escribió para decirle que estaba a punto de cruzar la frontera entre Perú y Bolivia, y que el 31 seguro iba a estar en Pigüé. “Esa fue la última vez que tuve noticias de él”, lamentó.

De inmediato Fabiana reemprendió la búsqueda. Esta vez eligió un camino distinto: habló con funcionarios de la Cancillería argentina, de Bolivia y de Perú, e hizo la denuncia por desaparición de persona. Desde ambos países ya le confirmaron que, al menos el último mes, Francisco no estuvo en ningún hospital o comisaría. Con esta información emprenderá su segundo viaje de búsqueda en las próximas horas; esta vez, lo hará acompañada por otro de sus hijos, Agustín.

“Con los amigos creemos que Fran, cuando se quedó solo, se arrepintió y pegó la vuelta. Quizá lo volvieron a asaltar las culpas…”, se resignó.

El plan de acción es desembarcar en Lima y viajar hacia el sur, quizá hasta Bolivia. No descarta que encontrar a Fran le lleve varios días.

“Pero no me importa. Estoy segura de que lo vamos a encontrar, y esta vez no lo vamos a dejar”, se esperanzó.

“¿Eso es ser feliz?”, la pregunta que cambió todo

Francisco está viajando prácticamente desde que terminó el secundario. “Trabajó en una empresa un tiempito, pero un día renunció -contó su mamá-. Cuando me enteré le dije que en casa no íbamos a mantener vagos, pero él se reía. Ahí me confesó que quería irse a Mar del Plata para arrancar una vida como mochilero”.

“Yo me quería morir. Lloré por días, me deprimí; incluso me internaron por un problema intestinal que me lo generaron los mismos nervios. No podía entender por qué hacía las cosas así, hasta que un día pude. Fue en una charla que tuvimos por teléfono. Yo le dije ‘ay, Fran, ¿sos feliz viviendo así?’. Su respuesta fue ‘Y vos… ¿sos feliz? Desde los 19 años estás trabajando y luchando para tener tu casa, tu auto, mantener una familia… ¿eso es ser feliz?’ Me dejó helada”, reveló.

La peculiar decisión de vida de su hijo -dijo- le abrió la cabeza para siempre. “Cada cual entiende la felicidad a su manera, y nadie puede juzgar a nadie. Si ese es su deseo, más allá de los temores de uno, hay que apoyarlo”.