Sergio Jara “es el cura de los perros”: la carta a 25 años de su ordenación

El párroco de Saavedra Sergio Jara está viviendo horas felices por tanta muestra de cariño y afecto que le transmiten a través de las redes sociales y personalmente, los feligreses. El cura compartió una reunión con la comunidad católica.

“Es el cura que llora… el que llega a la pileta con pan casero para compartir con un mate después de nadar”.

Sergio Jara, celebra las Bodas de Plata. Es el rector del santuario de la Ermita Nuestra Señora de Lujar de la Sierra, capellán de la unidad penitenciaria número 19. Un sacerdote que abrió las puertas hasta a los perros del pueblo que acompañan los días de misas.

Una carta publicada en las redes describe al religioso de nuestra localidad: “Del Padre Sergio Jara se puede decir muchas cosas. Se puede empezar, por ejemplo, por decir que es cura de los perros. Que no solamente se preocupa por ellos y su comida, sino que además a sus misas concurren perros, perritos y perrotes, que duermen en el altar, se acercan a los feligreses pidiendo algún mimo, y pasan con parsimonia al sagrario buscando donde reposar, ellos saben ( siempre lo supieron) que todo les está permitidos si los cuida el padre Sergio. También se puede afirmar sin faltar a la verdad que es el cura de los presos: el que se apasiona por su misión en la cárcel, el que se toma en serio la necesidad de cambiar el mundo y el que cree en las segundas oportunidades de las personas. Es, asimismo, el cura que anda despacito, despacito, fuera de nuestro reloj, como en un tiempo que no nos pertenece y no comprendemos. Es el cura que menciona a las personas presentes contando el nombre de cada una con una melodía, que es solamente suya. Es el cura que hace natación en verano, el que llega a la pileta con pan casero para compartir con un mate después de nadar.

Así podríamos seguir señalando rasgos y evidenciando sus costumbres. Pero hay algo fundamental del padre Sergio, que lo define íntegramente. Y es la gracia enorme que tiene de mostrar lo sagrado con la vida misma y su testimonio. Él siempre repite que no hay peor pecado que la soberbia, que la mejor bendición es la humildad. Nosotros lo aprendemos no porque él lo diga, sino porque lo vive. Es el cura humilde, y el cura de los humildes. De la misma manera, sabemos de su sinceridad con la que vive la vocación no porque él nos lo cuente, sino porque lo vemos en cada misa. Ahí notamos que sabe exactamente qué está haciendo en cada renovación del sacrificio divino, notamos que está haciendo con cada palabra, con su mirada y su emoción incontrolable nos demuestra la sinceridad y la entrega con la que vive su vocación. Por todo esto, decía que lo que define al padre Sergio íntegramente es que evangeliza con su propia vida, tan simple y tan auténtica. Tan entregada y tan llena de Dios. Es su manera de vivir lo que nos llega como una flecha, lo que se nos revela como un ministerio al que queremos conocer cada vez más.