(Por Ciudad Noticias): La retractación de Sergio González no fue el escándalo central: la banca nunca había quedado vacante. El verdadero bochorno apareció en el recinto, donde algunos concejales cuestionaron con tono moral una decisión legalmente posible y políticamente clave para que Saavedra no quedara sin representación propia.
La vuelta de Sergio González al Concejo Deliberante dejó al descubierto mucho más que una renuncia presentada y retirada en menos de 24 horas. Expuso la desprolijidad política del intendente Matías Nebot, la incomodidad de parte del recinto ante el regreso de un representante de Saavedra y una sobreactuación institucional que terminó siendo más ruidosa que el hecho que pretendía cuestionar.
González había presentado una nota de renuncia. Al día siguiente, dio marcha atrás. Ese dato fue usado por varios concejales para hablar de “falta de palabra”, “desprolijidad” y “papelón”. Pero el punto jurídico central fue otro: la renuncia nunca había sido aceptada formalmente por el Concejo.
Fue Raúl Zentner, de La Libertad Avanza, quien puso el expediente por encima del griterío político. Explicó que la nota ingresó por mesa de entradas, pero no fue tratada, no hubo convalidación, no hubo acto administrativo perfeccionado y, por lo tanto, no hubo renuncia efectiva. En palabras simples: González seguía estando en condiciones de volver.
Entonces, la pregunta cambia. No es solamente por qué González se arrepintió.
La pregunta real es otra:
¿Por qué algunos concejales reaccionaron como si González estuviera ocupando una banca ajena, cuando en realidad retomaba una banca que nunca había perdido formalmente?
Catalano, Rivas y una indignación mal enfocada
El concejal Nicolás Catalano, del PJ, fue uno de los más duros. Habló de “falta de palabra” y remarcó que González había presentado una renuncia “indeclinable” el 18 de junio para luego retractarse al día siguiente. También cuestionó los dichos realizados en Canal 4, donde —según su interpretación— se habría dado a entender que Andrea Camandona “tenía que empezar a trabajar”.
Pero ahí aparece una de las zonas más débiles de su intervención.
Si González volvía a la banca, Camandona no perdía una banca propia: dejaba de ocupar un reemplazo. Y si la referencia era que debía regresar a su actividad de origen, incluso al Servicio Penitenciario, eso no necesariamente implicaba una descalificación laboral. Podía ser una aclaración política y administrativa: no habría cargo nuevo ni compensación dentro del Ejecutivo para sostener un armado.
Catalano pareció más preocupado por la salida de Camandona que por el punto legal de fondo: la banca seguía correspondiendo al titular mientras la renuncia no hubiera sido aceptada.
También Clarisa Rivas, del PJ, pidió seriedad institucional y habló de una situación abrupta, desprolija e improvisada. Su crítica más sólida apuntó a Nebot, por hablar en medios sobre procedimientos legislativos con evidente confusión. Pero en su intervención dejó una frase clave: se refirió a “Sergio y quienes lo han impulsado para la renuncia”.
Ese detalle abre una pregunta incómoda:
si hubo quienes impulsaron a González a renunciar, ¿por qué el escándalo se concentró en su retractación y no en el intento de empujarlo también fuera de la banca?
Saavedra, la banca incómoda y el peso de Pigüé
El dato territorial es imposible de esquivar. Saavedra es la segunda localidad más importante del distrito. Si González sostenía la renuncia, la localidad quedaba sin representante propio en el Concejo Deliberante.
Ese es el trasfondo que muchos discursos evitaron tocar.
En un distrito donde Pigüé concentra buena parte del poder político, administrativo y simbólico, la presencia de González en el recinto no es menor. Su regreso no solo resolvía una cuestión personal o partidaria: preservaba representación directa para Saavedra.
Por eso la marcha atrás puede leerse de otra manera. González pudo haber renunciado en caliente, golpeado por su salida de la Delegación. Pero si luego escuchó el pedido de vecinos de Saavedra, bajó a tierra y entendió que su renuncia dejaba a la localidad sin voz propia, su retractación no fue un capricho: fue una corrección política necesaria.
Nebot, el origen del desorden
El intendente Matías Nebot tampoco sale ileso. Al contrario: queda en el centro del desorden.
Primero, porque removió a González de la Delegación de Saavedra. Después, porque todo el episodio derivó en una crisis institucional que terminó siendo discutida públicamente por los bloques. Y, finalmente, porque varios concejales cuestionaron la liviandad con la que se habló del tema en Canal 4.
Mariano Mansilla, de Distrito Futuro y exintegrante del oficialismo, apuntó justamente contra esa liviandad. Dijo que el intendente se expresó en medios sin fundamento legal, sin conocimiento del tema y generando desinformación en la población. También volvió a manifestar preocupación por el rumbo de la gestión.
La crítica de Mansilla pesa porque no viene de un opositor histórico. Viene de alguien que integró el armado de Nebot y que hoy observa desde afuera un gobierno cada vez más desordenado.
Moségui fue más prudente que otros
En medio de las críticas, Silvio Moségui, de Unión y Libertad, quedó mejor parado. No se ensañó con González. Incluso dijo que lo conoce y que es un hombre de trabajo. Su cuestionamiento apuntó más a la desprolijidad institucional y a la sensación de que se le viene “bajando el precio” al Concejo Deliberante.
Esa diferencia importa. Moségui criticó el desorden sin negar que González pudiera tener razones. Catalano y Rivas, en cambio, quedaron más cerca de una indignación política que de una discusión jurídica de fondo.
El verdadero papelón fue del Concejo
Los concejales cuestionaron el supuesto “circo” de Nebot y González en Canal 4. Pero la escena del recinto terminó dejando una postal más incómoda: ediles sobreactuando enojo ante una decisión que, jurídicamente, era posible y que además evitaba que Saavedra quedara sin representación directa.
González podrá cargar con el costo político de haber firmado una renuncia “indeclinable” y arrepentirse al día siguiente. Pero una contradicción personal no extingue una banca. La banca se pierde cuando el procedimiento institucional se completa. Y eso, según quedó claro en el propio Concejo, no había ocurrido.
La conclusión es simple:
Sergio González no volvió por un favor. Volvió porque podía. Y porque, si no lo hacía, Saavedra quedaba otra vez mirando desde afuera cómo se ordena el tablero político desde Pigüé.
El caso dejó varios expuestos: Nebot, por la improvisación; Catalano y Rivas, por una indignación que no terminó de reconocer el dato legal; y el propio Concejo, por convertir en escándalo una retractación válida. La banca no era de Camandona. La banca no era de Nebot. La banca seguía siendo de González. Y, políticamente, también era de Saavedra.
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