(Por Ciudad Noticias): Liliana Oustry pasa de Medio Ambiente a una de las áreas más sensibles del Municipio. El problema no es solo el cambio de nombre: es el antecedente de gestión, la falta de perfil técnico conocido y la aparente improvisación sobre qué pasará con el área ambiental.
La llegada de Liliana Oustry a Obras Públicas no puede presentarse como una simple modificación administrativa. Se trata de una designación que exige explicaciones políticas, técnicas e institucionales.
Oustry venía de Medio Ambiente, un área que acumuló reclamos vecinales y que no logró mostrar un funcionamiento sólido frente a problemas concretos. Quejas por falta de respuestas, malestar ciudadano y una sensación de desorden marcaron el paso de esa dependencia durante los últimos tiempos. Por eso, su traslado a Obras Públicas no aparece como una corrección natural, sino como una decisión que abre más preguntas que certezas.
Si un área venía cuestionada, ¿cuál fue la evaluación del Ejecutivo antes de promover a su responsable hacia una dependencia todavía más sensible? ¿Qué balance hizo el intendente Matías Nebot sobre el funcionamiento de Medio Ambiente? ¿Qué indicadores concretos justifican que una funcionaria proveniente de un área observada pase ahora a conducir Obras Públicas?
La pregunta es necesaria porque Obras Públicas no es un espacio menor. Allí se definen prioridades que afectan directamente la vida cotidiana de los vecinos: obras, mantenimiento urbano, infraestructura, planificación, expedientes, controles, documentación, ejecución y seguimiento de trabajos.
No se trata de un área para aprender sobre la marcha.
Además, aparece un punto central: Oustry no es presentada públicamente como ingeniera, arquitecta, técnica mayor de obra ni profesional específica del rubro. Eso no significa automáticamente que no pueda ocupar una conducción política, pero sí obliga al Municipio a explicar con claridad quién asumirá la responsabilidad técnica de las obras, quién firmará la documentación correspondiente, quién controlará los proyectos y qué estructura profesional respaldará las decisiones.
La Ley Orgánica de las Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires marca claramente que las obras públicas municipales requieren estudios, planos, pliegos, presupuestos, memoria descriptiva y demás datos técnico-financieros. También establece que las obras por administración deben ejecutarse bajo la dirección de un profesional dependiente de la Municipalidad o contratado al efecto. Por eso, el debate no puede reducirse a si Oustry “puede” o “no puede” ocupar el cargo. El debate real es si el Municipio está garantizando la conducción técnica que un área de esa magnitud necesita.
A esto se suma otro elemento preocupante: ante la consulta sobre quién quedaría a cargo de Medio Ambiente, el intendente habría respondido que el área se fusionaría con Obras Públicas. Si esa fusión existe, debe estar respaldada por un acto administrativo, un organigrama actualizado y una explicación formal de competencias.
No puede resolverse con una frase al pasar.
Medio Ambiente no es una oficina decorativa. En un distrito con problemas de residuos, arbolado, controles, reclamos barriales y demandas ambientales crecientes, fusionar el área sin explicar cómo funcionará es una señal de improvisación. Y si el área ya venía cuestionada, absorberla dentro de Obras Públicas sin una hoja de ruta clara puede terminar agravando el problema.
La designación de Oustry, entonces, deja tres interrogantes centrales.
Primero: ¿por qué se premia con un área mayor a quien venía de una dependencia cuestionada?
Segundo: ¿quién garantizará la responsabilidad técnica de Obras Públicas?
Tercero: ¿qué pasará realmente con Medio Ambiente?
Nebot habló de cambios para mejorar la gestión. Pero en este caso, la mejora no aparece evidente. Lo que aparece es una funcionaria trasladada desde un área con reclamos hacia otra de mayor complejidad, una posible fusión anunciada sin demasiada claridad y una estructura técnica que el Ejecutivo debería explicar cuanto antes.
Porque Obras Públicas no puede manejarse con improvisación política. Necesita planificación, respaldo profesional y respuestas concretas.
Y si Medio Ambiente no funcionaba, esconderlo dentro de Obras Públicas no es resolver el problema. Es cambiarlo de escritorio.
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