Noble gesto en Pigüé: emblema del speedway puso a la venta su moto para ayudar a Pía

El pigüense Antonio Di Felice corrió durante 28 años. Los últimos 8 años usó una Zanella 200cc que acaba de poner a la venta en las redes. Donará lo recaudado a la joven que busca realizar un tratamiento en China para recuperar la visión.

La Zanella 200cc que Antonio Di Felice, piloto de Speedway por 28 años, decidió poner a la venta para ayudar Pía Peña Foissac a realizarse un costoso tratamiento en China para recuperar la visión, tiene historia. No es una moto cualquiera.

Lo acompañó en innumerables carreras en sus últimos ocho años como piloto y lo sostuvo ante el dolor, tras la partida de su hijo, el Negro (Antonio), quien perdió la vida en un dramático episodio.

Seguir corriendo hasta los 72 años le permitió a este hombre, sentirse más cerca de su hijo.

En el ambiente lo reconocieron. En 2016, fue homenajeado en Aldea Romana con un gran trofeo por su trayectoria.

No obstante el amor que siente por su moto, en los últimos días, no dudó en desprenderse de ella con el fin de donar el dinero recaudado a esta adolescente pigüense que está realizando una campaña para reunir  U$S 60 mil y así poder realizar un tratamiento con células madre.

Cuando el corredor, de 75 años, compartió el aviso no imaginó semejante repercusión.

“Cuando planificamos, junto a mis hijas, venderla de esta manera, a todas les gustó a idea y Fernanda, la mayor, me dijo: ‘papi, la subimos a las redes sociales y la vendés más fácil’”, contó.
Aseguró que, por suerte, ya hay bastantes candidatos.

“Además de ayudar a Pía, que es una chica a quien queremos mucho, mi sueño también es ver la moto de vuelta en alguna pista. Tenerla en el galpón, tapada y llena de polvo no me gustaba”, comentó.

“Ella -por Pía- iba a verme correr con el papá y me pedía si la llevaba una vueltita. Son cosas que guardás para siempre en el corazón”, dijo.

“Es muy gauchita y con la edad que tiene, no tener visión, es muy triste. Y como le pasó a ella le puede pasar a cualquiera de nosotros”, añadió.

Di Felice fue amigo del abuelo de Pía, “Rulo” Foissac, campeón en 100cc, en Bahía Blanca.

“Nos pareció la mejor forma de aportar un granito de arena para que ella pueda cumplir su sueño. Nos vamos a sentir muy felices el día que vea al menos un poco de luz”, concluyó.

  Toda una vida en dos ruedas

Di Felice comenzó a correr a los 18 años (hasta los 20) a escondidas de sus padres, porque sabía que si se enteraban le iban a sacar la moto.

“Era una locura de jovencito. Tenía una moto de calle, la subía a un tren de carga a las 11 de la noche para correr en el autódromo de Villa Bordeu. Legaba a Bahía a las 6 de la mañana, corría y la subía a otro tren para pegar la vuelta a Pigüé”, contó entre risas.

“Después me abrazó el amor, me abrazó el trabajo y tuve que dejar. Había que pensar en la familia”, contó.

Se casó con María Ofelia Schab y llegaron los hijos.

No obstante, siempre siguió vinculado al speedway. Los fines de semana, solía llevar pilotos a correr a otras ciudades, como Olavarría o 9 de Julio. Su mujer siempre lo apoyó.

“Es una fiel compañera y acompañante, de esas que no hablan pero no duermen. Nunca me gustó largar el volante. Toda la vida manejé yo”, contó.

A los 44 años, la vida le dio la chance de retomar el speedway.

“Mi hijo, el Negro, empezó a correr. Y viste como somos los papás. Yo le decía: “tenés que hacer esto, tenés que hacer lo otro”. Un día me dijo: ‘¿por qué no te dejás de embromar y empezás a correr vos?’ Empecé a correr con él ¡y no paré más!”, comentó.

Antonio vive con su esposa y tiene tres hijas: María Fernanda, Claudia Fabiana y María Laura.

“Si bien hemos tenido la desgracia de perder dos hijos, tenemos 12 nietos y dos bisnietos”, dijo.

El matrimonio perdió a un hijo varón, José Luis, cuando era bebé por una pulmonía fulminante. Luego, su hijo Antonio, perdió la vida a los 25 años, cuando limpiaba un arma de fuego.

“Yo seguí corriendo por él. Era como una obligación seguir haciendo lo que él hacía. En Tiro Federal compartimos muchas carreras. A veces discutíamos, como cualquier padre con su hijo, pero a las carreras íbamos juntos”, comentó.

Di Felice arrancó con un motor 175, en tanto que su hijo, inició con un 155 para irse luego a un 200. Entonces Antonio empezó a correr con el 155 que antes usaba su hijo. Luego, le puso un motor 200.

“En la familia tenían un lema: ‘cuando te saquen una vuelta, pará de correr’. Por eso, siempre estaba obligado a cambiar la moto para andar un poco más ligero. Y esta moto me acompañó hasta lo último”, señaló.

   La donación

Fernanda, hija de Antonio, habló con la mamá de Pía para comentarle la idea.

“Enseguida estuvo de acuerdo. Nosotros no hacemos nada para lucrar. Ni bien se cobre la venta va todo íntegramente para ella”, dijo.

“Un piloto de Neuquén la valuó en 90 mil pesos. Está entera, está bien, tiene un chasis 500. Está como para que la use cualquier piloto que quiera ser un buen participante”, dijo.

Antonio tuvo una carpintería durante 50 años, fue concejal y un activo colaborador de varias instituciones, entre ellas, la Sociedad Italiana de Pigüé, de la cual es aún un puntal junto a su hermano Roberto. Hoy, ya jubilado, sigue realizando trabajos de carpintería, en su taller.

“Mi señora dice que se está quedando sorda por culpa de la carpintería pero capaz que ya no me quiere escuchar”, bromea.

Di Felice se emociona solo de pensar que el fruto de la venta de su moto puede ayudar a mejorar la vida de Pía Foissac.