Los tips de Alberto Fernández y la certeza de que si ganan volveremos al populismo más berreta

(Por Rubén Lasagno) – No es necesario hablar mal del kirchnerismo nacional, solo es necesario escucharlos. Se puede percibir a través de las palabras de Grabois, Zafaroni, Delía, Bonafini y hasta de Aníbal Fernández quien pugna por volver, que el fantasma del atraso y la desesperanza está a la vuelta de la esquina; a solo unos votos de octubre, si es que la sociedad enojada, castiga a Macri, trayendo al gobierno a lo peor de la política pasada.

Pero lo más significativo sean tal vez, las palabras y los conceptos de quien fue puesto por Cristina Fernández para que hable por ella, utilizando un tono más moderado y gambeteando las preguntas más comprometidas que tan bien rehusa contestar, nos referimos a Alberto Fernández.

El candidato a presidente elegido por su vicepresidenta ha dado muestras concretas y palpables de lo que nos espera si acceden al poder. A pesar de largarlo de manera edulcorada, “pinocho” Fernández ha dicho, por ejemplo que en Venezuela no hay una dictadura y que todo se resume a algunos problemas institucionales. Ergo, significa que un supuesto gobierno K, volverá a unirnos con el déspota y el país a través de ellos volverá a reconocer a Nicolás Maduro como un Estadista.

Desde el principio dijo que las prisiones preventivas a los corruptos K estaban mal aplicadas.Esto no es ni más ni menos que el preludio a la liberación de todos los chorros y hasta posiblemente con el reconocimiento, pago e indemnizaciones a los «presos políticos», con cargo a la ciudadanía, que terminará pagando con gusto. También dijo que se deberán revisar los fallos de los jueces y muchos de ellos “explicar lo qué hicieron y por qué lo hicieron”. El candidato, que se ufana de ser docente de la UBA en materia de derecho, desconoce la división de poderes y adelanta que echará mano para desmantelar a Comodoro Py, aunque lo oculte con eufemismos que en boca de un mentiroso las explicaciones no convencen a nadie. Esto, claro, en perfecto alineamiento con el ex Juez Zafaroni, quien es partidario de una justicia militante y de ser gobierno, hacia eso iremos.

Es decir, Alberto Fernández no puede ocultar lo que son los kirchneristas en su conjunto y su vicepresidenta en particular. El peor error de Fernández en caso de ganar, es si por alguna razón, intenta sentirse realmente “presidente” y pretende contradecir el espíritu revanchista que mueve a la familia Kirchner y a sus aláteres de La Cámpora. Allí, le auguramos al verborrágico candidato, una vida política corta, muy convulsionada y hasta una posible eyección del poder, luego que se cumplan los dos años de mandato, cuando la sucesión  la pueda concluir cómodamente su Vice, quien ya sabemos qué pretende y adónde apunta. Lo decimos con el conocimiento previo que tenemos de cómo actuaron y actúan Néstor y Cristina.

Pero hay un dato no menor que la gente comienza a observar en Fernández, quien se pasea por los canales dando la imagen de “moderado” y “dialoguista”, cuando en realidad es un soberbio con necesidad de parecer calmo y racional; Alberto Fernández y con él su Vicepresidenta y quienes conforman el Frente de Todos o Frente para la Victoria, no tienen la mínima idea de lo que se debe hacer en materia económica para sacar al país adelante.

No poseen ningún equipo económico y solo pasean con Álvarez Agis, el economista de moda, que habla como un técnico opinólogo, haciendo diagnóstico pero sin la mínima idea de cómo resolver el problema de fondo. Es decir, una vez más, como lo hizo Macri en el 2015, volvemos a vivir la película donde los actores son seres iluminados que todo lo saben, guardan secreta y celosamente la receta para sacarnos de la crisis, pero en realidad no saben absolutamente nada de lo que van a hacer si llegan al poder.

De hecho Fernández en la entrevista con Luis Majul, cuando éste le preguntó que definiera qué hay que hacer con la economía, el candidato con su mejor cara de Fernández, arqueando la cejas y revoleando los ojos como buscando la respuesta en el techo dijo “Buenos, Luis, no se exactamente porque hoy no tenemos lo elementos ….”, como dijera un destellante conductor del espectáculo: es todo zaraza. No saben ni dónde están parados, solos les importa tomar el poder, pues saben que una vez allí, las decisiones pasarán por cualquier lado, menos por las promesas hechas por un candidato de papel como Alberto, puesto allí por CFK para hacer una campaña imposible para ella de enfrentar, por cuanto es una persona sin capacidad de respuesta, básicamente, a ninguna pregunta medianamente independiente.

Es decir, ningún ciudadano argentino que vote en octubre, puede pecar de ingenuo. Todos sabemos a qué nos exponemos. Si acaso gana como en las PASO la fórmula kirchnerista, no habrá lugar para la queja en el futuro. Todos sabemos exactamente lo que nos espera y somos consciente de las consecuencias.

Como pasó en el ámbito provincial con Santa Cruz o el mejor ejemplo con Chubut, ahí la gente decidió proseguir con el kirchnerismo que en campaña vendió un buzón y la gente compró. Al otro día Alicia Kirchner abrió el paraguas comenzando otra vez a llorar miseria, echándole la culpa al gobierno nacional a fin de preparar el terreno para retacear aumentos de salarios y después de las elecciones a intendentes y diputados retomar el pago fuera de término y en Chubut el gobernador Arcioni mintió hasta el descaro en campaña, ganó y hoy tiene la provincia incendiada por los mismos que lo votaron.

No existen los milagros ni los milagrosos y mucho menos si se pretende que los milagros vengan de mano de quienes llevaron a la Argentina a sacarla del mundo y sumirla en la corrupción y el desmadre institucional. Sin embargo, es un fenómeno que llamativamente, no es percibido por los propios argentinos, víctimas primarias de estos sistemas políticos abyectos, como el populismo berreta que supimos conseguir por 12 años.

Para tener una dimensión de cómo estamos, baste señalar cómo nos ven desde afuera citando la nota de Francisco Rosell, director del prestigioso diario El Mundo, de España, quien elaboró una columna titulada «Cuando los pueblos aman a sus propios ladrones«, allí desanuda el problema psicológico de las masas y especialmente refiriéndose al fenómeno argentino escribió sobre «las masas ideologizadas comprensivas e indulgentes con la corrupción peronista» de nuestro país y las comparó con la «cleptocracia organizada tantos años por el virrey Jordi Pujol» en Cataluña, allí en España. Toda una pintura de lo que somos y hacia dónde corremos. (Agencia OPI Santa Cruz)