Las contradicciones ideológicas de Alberto

Por Mariano Obarrio –Las contradicciones ideológicas dentro del gobierno de Alberto Fernández generan incertidumbre. El Presidente reprendió al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, por haber defendido la legalización del consumo y la comercialización de la marihuana y de todas las drogas. Pero Berni tiene la misma postura que la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y entonces se podría extender hacia ella la reprimenda presidencial. Muchos dirigentes peronistas se preguntan ahora hasta dónde pueden tolerarse esas diferencias.

No solo eso, la ministra expuso públicamente también su favoritisimo por la despenalización de la marihuana y lo involucró al Presidente en esa intención. ¿Ello implicaría que Alberto también está en contra de su propia ministra de Seguridad? Una vez más parecieran desnudarse diferencias ideológicas entre el peronismo histórico que encarna el Presidente y el kirchnerismo más radicalizado.

“Es un tema un poco más complejo que no hay que hablar con tanta ligereza”, dijo el jefe del Estado respecto de Berni. Pero también la reconvención podría aplicarse a su ministra. Una lectura política sencilla dice que tanto Berni como Frederic responden ideológicamente al kirchnerismo puro: son Cristina Kirchner. Frederic proviene del CELS, de Horacio Verbitsky.

El tema narcotráfico es especialmente sensible para los Estados Unidos, imperio con el cual Alberto Fernández quiere construir una relación para facilitar la renegociación de la deuda con el FMI y los acreedores privados, una piedra basal de su plan económico. El ajuste sobre la clase media y el sistema jubilatorio fue una señal que los mercados interpretaron positivamente en ese sentido: Alberto busca el equilibrio fiscal para poder pagar y negociar la deuda.

Pero también Frederic pone en aprietos a la gestión de Fernández en otros temas demasiado sensibles y estratégicos. Antes de asumir había deslizado que Hezbollah no debía ser considerada una organización terrorista y luego el canciller Felipe Sola debió desdecirla. Pero antes hubo quejas formales de Estados Unidos e Israel. El gobierno de Donald Trump también se quejó por la presencia venezolana en la asunción del nuevo presidente argentino.

Ahora, la ministra de Seguridad asegura que la Gendarmería debe revisar su propio peritaje sobre el caso Nisman, en el cual esa fuerza había determinado que el fiscal había sido asesinado por dos sicarios. Frederic invadió la esfera del Poder Judicial, que encargó y convalidó aquel estudio, que no había sido encargado por el gobierno de Macri sino por el juez de la causa, Julián Ercolini, y el fiscal Eduardo Taiano. El fiscal ya dijo que no tiene pensado repetir ese peritaje. Es una causa que genera muchísimo interés en Washington y en Nueva York, donde vive el grueso de la colectividad judía vinculada a los grandes negocios económicos que le interesan a la Argentina.

También la ministra de Seguridad quiere volver a investigar el caso Maldonado y ello genera una preocupación extrema en la Gendarmería. No porque pueda descubrirse una prueba que involucre a los gendarmes, sino porque tanta sospecha sobre la fuerza haría pensar que la ministra, o el gobierno, pueden estar generando un plan de revancha o venganza sobre una fuerza de seguridad que dictaminó que a Nisman lo mataron y no que se había suicidado.

Esta es la preocupación real que existe en las fuerzas de seguridad. Todo este tema se analiza detenidamente en los Estados Unidos. También hay malestar por la incertidumbre que se genera por la designación de las nuevas autoridades de esas fuerzas y por la duda acerca de si la ministra Frederic puede estar buscando nuevos jefes que convaliden una purga en las filas de gendarmes, prefectos y de policías federales. La ideologización de la seguridad es el peor camino para garantizar la seguridad de las personas.

En medio de eso, se produjo la toma de tierras de comunidades mapuches en Villa Mascardi y las incertidumbres sobre la bajada de línea política que pueden tener para prevenir reprimir esos delitos. Hoy en las fuerzas existe un clima de extrema preocupación porque ante cualquier paso en falso hay un gobierno que puede enjuiciar y encarcelar efectivos, especialmente si son gendarmes. Todos están bajo sospecha y se cuidan en extremo.

En medio de eso, también hay versiones de repliegues de gendarmes en la frontera Norte, por donde ingresan los mayores cargamentos de drogas. Los gendarmes también se sienten desguarnecidos.

Pero hubo más ruido en la relación bilateral: la autorización del gobierno de Alberto Fernández para que el ex presidente de Bolivia Evo Morales haga campaña política en nuestro país para recuperar el poder en su país también genero un malestar intenso en las relaciones con los Estados Unidos. Los mensajes de Washington llegaron fuerte y claro a la Casa Rosada y por ese motivo se postergó el posible viaje del Presidente a los Estados Unidos y la aceptación norteamericana al embajador Jorge Arguello.

Además de las medidas económicas de ajuste, en la Casa Blanca observan el posicionamiento internacional del nuevo gobierno frente a los asuntos estratégicos y de seguridad. No todo es dinero en la política internacional.