La historia de Pía Peña Foissac, la adolescente que no pierde las esperanzas de poder ver la luz

Su familia necesita reunir U$S 60.000 para la implantación de células madre en China. En Pigüé ya se movilizan.

La vida de Pía Peña Foissac es un desafío permanente. Desde el mismo momento en que salió de las entrañas de su madre, Anabel Foissac, con 24 semanas de gestación, 980 gramos y 45 centímetros, el 13 de junio de 2002, en el hospital Italiano de Bahía Blanca.

Sabe de qué se trata eso de iniciar un camino lleno de espinas. Recién le dieron el alta el 13 de agosto, con 2 kilos justos y, tras tratamientos infructuosos, en febrero de 2003 su familia tuvo la confirmación de que se trataba de un caso de ceguera de Grado 5, como consecuencia de la Retinopatía del prematuro (ROP).

La visión de Pía se oscureció por completo pero, como se verá, su vida recién empezaba.

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“¡Acá estoy, trabajando a full para hacer las urnas! Es lo que nos pidieron varios comercios y clubes; y en eso estamos”, asegura Pía Peña Foissac, desde su casa de Libertad al 200, en Pigüé, a 132 kilómetros de Bahía Blanca.

Pía, entre la mamá Anabel y la hermana Mailén.

Es pura energía. No para. Pasa por encima la estimulación y los incentivos. Así se mueve de un lado para otro; y lo contagia. ¿Un límite? No parece haberlo en la superficialidad.

“¿Cómo llegamos hasta esta posibilidad? ¡Por curiosidad! Pero no porque me queje de la vida que tengo. Para nada, pero ahora que me informé, que estoy en tema y apareció esta chance, tuve que empezar con la psicóloga para controlarme un poco”, dice.

“La palabra justa ahora es… ansiedad. ¡Sí, esa, ansiedad”, agrega.

Pía se refiere al tratamiento para pacientes diagnosticados con ceguera a causa de Retinopatía del prematuro (ROP), quienes pueden recuperar la visión a partir del implante de células madre mesenquimales.

La opción surgió luego de un comentario de una compañera de la Escuela Nº 507, Mayra Roselló, quien iniciará este camino el venidero 20 de noviembre, en la ciudad de Beijing, China.

Pero lo que moviliza a Pía, y a toda la familia, es una empresa nada sencilla: deben reunir unos 60.000 dólares para el venidero 14 de marzo, fecha en que le otorgaron el turno para el tratamiento, tras la evaluación pormenorizada de su caso que, por lo menos, puede llegar a una recuperación del 20 % de la visión.

“¡No se puede creer el furor que esto está provocando en Pigüé!”, añade Pía, en diálogo con La Nueva.

Pía y Anabel Foissac, junto al instructor Ferreyra.

“Todos están al tanto respecto de la búsqueda de fondos y tan entusiasmados como nosotros. Ya se trabaja en torneos, reuniones y rifas”, dice.

La actividad plena de Pía Peña Foissac ahora discurre en los torneos de arquería, en los que participa no sólo en Pigüé, sino en la región, bajo el ala del instructor José Luis Ferreyra. Este domingo la competencia se preveía en Tres Lomas.

“Vamos (a los torneos) en el auto de mi mamá. Manejaría yo si viera, porque mi papá (Gabriel Peña, quien reside en Bahía Blanca) ya me enseñó, pero…”, lamenta. Y sonríe, una vez más.

Con Gabriel Peña, su padre, quien vive en Bahía Blanca.

Mientras tanto, ya comenzó con las clases de bajo. Y, cuando le queda algo de tiempo, planea el futuro.

“Quiero estudiar ingeniería en sistemas. Me encanta programar. Para empezar hice un curso de robótica en la UNS en junio. Fueron cuatro clases. ¡Me encantó!”, afirma.

“No hay que evitar la palabra ver”

Anabel Foissac, la mamá de Pía, es docente en la Escuela Primaria Nº 5 General San Martín de Pigüé. También tiene un comercio de ropa de mujer y hace decoraciones.

“Ella siempre fue curiosa. Por ejemplo, en el jardín —dice— tocaban el tema de los seres vivos y cuando regresaba a casa prendía el televisor y miraba Animal Planet, se informaba y al otro día seguía el tema”, explica.

Pigüé: la historia de Pía Foissac, la joven no vidente que practica arquería

Y necesita aclarar: “Una vez me dieron un folleto que decía que nunca hay que evitar la palabra ‘ver’. Nosotros vemos con los ojos, pero Pía ve con las manos y con los oídos. Mira televisión y ahora en Netflix, por fortuna, hay películas con audiodescripción, aunque antes miraba igual y las entendía. También vamos al cine; hace poco vimos Los Vengadores”.

Recuerda que a Pía le costó mucho aprender a caminar, porque para un ciego es muy difícil mantener el equilibrio. “Empezó a caminar a los 2 años y, desde entonces, se iba a la casa de mis padres, que estaba al lado”, recuerda.

Anabel comenta que están haciendo un cronograma de actividades para reunir los fondos, aunque no dejan de sorprenderse por la cantidad de gente que los llama y los apoya.

“En septiembre haremos un festival en un club; luego, en la fiesta de la primavera, que es el 28, intentaremos vender bolsitas con el logo de Pía. Ahora estamos terminando de armar las urnas que nos han pedido los comercios. Y en octubre haremos una cena”, cuenta.

“Para las rifas ya tenemos camisetas de fútbol firmadas por jugadores. Hay de Boca, River, Racing e Independiente. También de Argentinos Juniors, con la firma de Diego Armando Maradona”, amplía.

La cuenta para depositar los fondos, gestionada ante el Banco Nación, recién estará abierta la semana entrante.

Parece sencillo; no lo es

El tratamiento, que se llevará a cabo en el Wu Medical Center, de la ciudad china de Beijing, se refiere a la implantación de células madre, que se cultivan y se colocan en la médula ósea.

En poco tiempo, las células se desplazan a través del nervio óptico hasta la retina y la regeneran. La implantación será en un espacio de tres sesiones y durante dos semanas. El procedimiento parece sencillo; no lo es.

Pía, siempre sonriente y rodeada.

“Será progresivo. Tardará entre 3 y 6 meses para que las células formen la retina que , hoy, no está. Si bien nos dijeron que las probabilidades de recuperación de la vista son del 20 %, leímos casos de hasta el 60 %”, asevera.

“El tratamiento se hace un poco más costoso, ya que desde la clínica proveen la medicación para los seis meses posteriores y la rehabilitación que se hará en Buenos Aires, acaso dos veces por semana”, amplía la madre.

Anabel (izq.), Pía, Mailén y Susana, en un alto de arquería.

El costo total previsto, de hasta 60.000 dólares, incluye pasajes para tres personas, hotelería en una habitación del propio hospital y un traductor, que estará a disposición una vez por semana.

Pía será acompañada por Anabel y por su abuela Susana Bras. Pero también irán —cubriéndose los gastos— su tía Mabel Bras y su hermana Mailén Brouze Foissac, de 21 años.

“¿Qué pasa si no reunimos el dinero para la fecha? Tendremos que postergar el turno, porque no podremos hacer una etapa sin completar el resto por falta de fondos. Pero tengo fe que llegaremos”, admite la madre de Pía Foissac.

FUENTE: LA NUEVA