El hombre detrás de la “operación espionaje” contra Macri

Por eso, para Macri, la hoy vicepresidenta estaría buscando que él pruebe de esa misma medicina. Ello explicaría el impulso, no solo de esta denuncia judicial, sino también aquella que busca indagar en el endeudamiento durante su gobierno y el encubrimiento del atentado a la AMIA. A ello se suman nuevas denuncias que aparecerán en los próximos días

La propia Cristina exteriorizó su bronca contra el exjefe de Estado el 8 de febrero pasado: “Se metió con mi familia para quebrarme como hacía la mafia”, sostuvo.

Y puntualizó: “Hubo una persecución a mis hijos. Especialmente Florencia, tal vez por verla vulnerable o porque advirtieron que era un lugar muy especial para mí“. Ese mismo día le dijo por teléfono a su eterno “valet”, Oscar Parrilli, que pronto se cobraría venganza.

Quien obró el “milagro” cristinista fue Gastón Menvielle, aquel que, según reveló el pasado 7 de mayo Tribuna de periodistas, comandaba a los hackers K del noveno piso de la entonces SIDE.

Se trata de un profesional de Sistemas egresado de la Universidad de La Plata y militante de la Cámpora que volvió a la AFI en las últimas semanas.

Menvielle es el que se encuentra detrás del supuesto “recupero” del disco rígido de aquella computadora donde reposaba el listado de los presuntos hackeados por el macrismo.

Es curioso, porque allí no aparecen personajes gravitantes como Cristina Kirchner, o sus hijos, o nadie de los que tomaban decisiones de relevancia dentro del kirchnerismo. No. Macri prefirió espiar a Laura Alonso o Ernesto Sanz, toda gente de su “propio palo”, que ni siquiera han salido a criticarlo alguna vez.

El macrismo tampoco espió a periodistas alineados al kirchnerismo, como Gustavo Sylvestre o Roberto Navarro, sino a… ¡Luis Majul!

¿Hace falta recordar que este último reportaba en el equipo de los que tenían la “camiseta M”?

Ciertamente, el “espionaje” macrista deja mucho que desear. O han sido muy torpes o se trata de la operación K más escandalosa de todos los tiempos.

Más allá de las conclusiones que pudieran sacarse al respecto, debe mencionarse que no ayudan a Macri sus antecedentes: en su currículum aparece el armado de aquel sistema de espionaje paralelo comandado por el fallecido Jorge “Fino” Palacios, primer jefe de la Policía Metropolitana. Una de sus víctimas fue su propio cuñado, el parapsicólogo Néstor Leonardo, fallecido en febrero de 2017.

Cristina tampoco zafa: su gobierno se dedicó a espiar y hackear a referentes políticos, empresarios y periodistas críticos a su gestión. Y, por si fuera poco, el 24 de agosto de 2018 encontraron en su casa de El Calafate varios dossiers de la AFI con información clasificada sobre diversos personajes de alta gravitación nacional. Uno de ellos, el mismísimo Antonio Stiuso, quien pasó de “amigo” a “enemigo” en cuestión de días.

Ello fue resultado de un allanamiento impulsado por el —ya muerto— juez Claudio Bonadio, quien se sorprendió al encontrar las pruebas de la operación que hizo el kirchnerismo contra Francisco De Narváez en 2009.

Entonces, el exdiputado colombiano fue acusado de estar relacionado al narcotráfico, en una operación que no careció de la colaboración servil de Horacio Verbitsky y que fue desactivada por este cronista, al anticiparla días antes de que ocurriera.

Al igual que entonces, ahora aparece también la inefable mano del otrora “doble agente” montonero, quien ha salido a explicar en su blog “El cohete a la Luna” lo inexplicable. Siempre a pedido de los K, obviamente.

En su crónica, Verbitsky aporta supuestas fotos encontradas en el “servidor” de la AFI donde reposan las “pruebas” contra el macrismo. Una de ellas es la siguiente, donde puede verse a Graciela Camaño hablando con Nicolás Massot… ¡en plena sesión en el Congreso Nacional!

¿Qué más puede agregarse? La denuncia contra el macrismo suena demasiado “trucha”, al menos con los datos que se tienen hasta ahora. Habrá que esperar a que madure un poco más el expediente.

Finalmente, se aporta una revelación sobre el espionaje vernáculo: fue eyectado de la AFI Niev Sardi, aquel que había sido contratado por esa misma agencia para trabajar en un software para espiar a periodistas y otros referentes por WhatsApp. Ocurrió después de que TDP contara esa misma trama, en marzo pasado.

Es toda una paradoja: los mismos que acusan al macrismo de espionaje habían contratado a un hacker para que desarrollara una aplicación que indagara en los secretos de propios y ajenos.

Delicias del siempre impredecible kirchnerato.

FUENTE: TRIBUNA DE PERIODISTAS