El Distrito a la deriva: el discurso de Nebot choca con la realidad del vecino

(Por Ciudad Noticias): Mientras el discurso oficial se centró en «ordenar la casa», la realidad en las calles de Saavedra y Pigüé cuenta una historia muy distinta. Estos son los focos de conflicto que hoy tienen al distrito en un estado de retroceso visible:

El Distrito a la deriva:  el discurso de Nebot choca con la realidad del vecino

Salud: El Hospital que «banca» la gente

El dato: El tomógrafo funciona hoy gracias a un grupo de vecinos que compró el tubo, ante la falta de presupuesto o gestión del Ejecutivo.

El malestar: Los turnos para especialistas siguen siendo un calvario, con esperas que superan los 90 días. La salud pública hoy depende más de la solidaridad vecinal que del presupuesto municipal.

Infraestructura: Un parque vial de museo

La realidad: Se intenta mantener 2.200 km de caminos rurales con camiones de las décadas del 70 y 80. Maquinaria obsoleta que ya no aguanta más remiendos.

La consecuencia: Caminos rurales detonados y accesos clave —como el de la Ermita y la Unidad Carcelaria— en un estado deplorable. Es imposible hablar de «turismo» si los 7 km de acceso al santuario son intransitables.

Servicios: Retroceso lumínico e higiene suspendida

El apagón: Tras la caída de un rayo hace dos años, las luminarias modernas nunca se repusieron; en su lugar, se instalaron luces de hace tres décadas.

Basura: El servicio de recolección de residuos no habituales (escombros y restos de poda) es casi inexistente. Las esquinas del distrito pasan semanas convertidas en basurales acumulados.

Seguridad: Ojos que no ven

Cámaras: El Centro de Monitoreo cuenta con tecnología de baja calidad y muchas cámaras que directamente no funcionan.

Impunidad: El robo de placas en el Cementerio (octubre) y el reciente saqueo en la Ermita siguen sin un solo sospechoso. La falta de prevención es el denominador común en Saavedra.

Espacios Públicos: Plazas en el olvido

Mantenimiento: El estado de las plazas y espacios recreativos es pésimo. Lo que deberían ser lugares de encuentro para la familia hoy muestran juegos rotos, falta de corte de pasto y mobiliario urbano destruido.

La conclusión es clara: El «orden» del que habla la gestión parece detenerse en la puerta del despacho municipal. De la vereda hacia afuera, el vecino de Saavedra encuentra un distrito que funciona por inercia, donde las soluciones llegan por el bolsillo de los ciudadanos y no por la capacidad de sus gobernantes.

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