Alberto Fernández atrapado por su propia (falta de) política económica

Los precios en enero dejaron al descubierto que va a ser muy difícil doblegar la inflación en el corto plazo a menos que se encare un profundo esquema de reducción del gasto público, y que se elimine la emisión monetaria.

Los números del INDEC ponen de manifiesto que la única política económica oficial fracasó. Los alimentos y bebidas elementos centrales de la canasta básica aumentaron sus precios al doble de la inflación general.

En otras palabras, la única política económica oficial, el control de precios y los precios cuidados, fracasó en su intento por beneficiar a la población de menores ingresos.

El índice de precios oficial revela que la inflación núcleo no puede bajar del 2% mensual ya que el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y combustibles produce un doble desatino.

Por un lado, muestra una inflación incompleta, como si se hubiese barrido la basura bajo la alfombra y hacer lucir el ambiente limpio.

Por otro lado, el retraso tarifario en la energía y el transporte van a provocar dos efectos: El primero una verdadera olla a presión que cuando se quiera sincerar va a provocar una explosión. El segundo, ese retraso va a generar una fuerte contracción en la inversión, lo que al mismo tiempo va a producir despidos y una caída en la calidad de los servicios.

Con todo, la baja de la inflación es una tentación para convalidar un retraso del tipo de cambio que provoque un efecto riqueza ilusorio, una tentación de todos los políticos de turno.

Todo esto ocurre mientras se discute la resolución de la deuda. El proyecto de una renegociación ordena de la deuda pública chocó contra dos paredones.

Por un lado, la misión del FMI que se encuentra en Buenos Aires ya fijo la posición del organismo frente a las pretensiones de la administración de “los Fernández” de aplicar quitas tanto al FMI como a los acreedores: una quita importante de sus acreencias.

Desde Washington el vocero del FMI, Gerry Rice, descartó de plano esa posibilidad aunque no desestimó que se pueda celebrar un nuevo acuerdo y encabalgarlo con el actual que está suspendido. En otros términos, habrá plazo, pero no habrá quitas y los nuevos desembolsos dependerán de los compromisos y condicionalidades del acuerdo.

Los acreedores tienen una posición mucho más dura: no habrá quita y sólo habrá plazo si se garantizan el pago de intereses y un pago en efectivo equivalente al desembolso pendiente del FMI. De lo contrario, habrá default y los bonos que tienen en cartera se los venderán a los fondos buitre por monedas.

El revés de la trama de esta negociación tiene dos peleas de fondo: el FMI vs Wall Street y Alberto vs Cristina. Se viene días intensos.

FUENTE: TRIBUNA DE PERIODISTAS