(Por Ciudad Noticias): En un permanente deterioro y retroceso del periodismo del distrito de Saavedra, donde el oficio más lindo del mundo ya no despierta pasión para los que eligen esta senda, sino anteponen los intereses económicos con suculentas pautas con todos los gobiernos de turno, y muchos de ellos habiéndose prestado a la calumnia e infamia al periodista crítico Pablo Daniel Peralta durante “La causa que no fue” la sociedad ha perdido – tal vez- el último emblema de la comunicación.

Su voz ya no estará más en el éter de la comarca serrana, el punto del dial 99.1 de FM Aveyron ya no será lo mismo. Las mañanas notarán su ausencia, el pensamiento tan construido y con un dominio amplio de los más variados temas, demostrando un nivel superior a sus pares, serán solos recuerdos. Luis Alberto Walter (64) falleció el domingo 15, el día que más disfrutaba y como siempre lo hizo, compartía sus opiniones. Nos había acostumbrado a que ese día de descanso publicara algún que otro video o foto de la imponente belleza de la avenida Casey de la ciudad de Pigüé, donde vivió hasta su deceso.
Luis era un periodista de pura cepa, no descansaba, era un todo terreno y con humildad transmitía sus pensamientos. Con personalidad y pasión, pero sin perder respeto por el otro, confrontaba a través del micrófono, la pluma en sus redes sociales y era un eximio analista en las conferencias de prensa: no se le achicaba a nadie. Daba gusto oírlo, leerlo.
Un caballero, que con su voz característica no imponía sino proponía un debate y el que aceptase hacerlo sabía que no podía andar con improvisaciones. Don Walter era capaz de pasar de un perfecto diagnóstico económico social, hasta una noticia policial –judicial, y sabía dominar los temas deportivos con una exquisitez privilegiada.
El periodismo en decadencia que se evidencia en el partido de Saavedra, donde la mayoría lo ejerce de manera acomodaticia, ha perdido a una voz autorizada, el último emblema que no podrá ser reemplazado. El augurio para las posteriores generaciones que deseen sentir que «el periodismo es el mejor oficio del mundo», tal cual lo describiera el maravilloso Gabriel García Márquez, debería tomar el ejemplo de Luis que no se vendió ni al mejor postor: sostuvo con honor y lealtad, la palabra y la verdad.
Querido Luis, cuanto vamos a extrañar tus reflexiones que nos anunciaba el cierre de cada jornada: “AL FINAL DEL DÍA SOLO NOS QUEDA EL AMOR. QUE EL AMOR NOS SALVE DE LA VIDA”.
“Hasta luego”, cómo te gustaba concluir en cada posteo.

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