(Por Ciudad Noticias): La media sanción al proyecto que podría quitar el beneficio de Zona Fría en gran parte del sudoeste bonaerense generó preocupación inmediata en miles de familias del interior. En una región donde el frío se extiende durante meses y calefaccionarse es una necesidad básica, el avance de la iniciativa encendió alarmas entre trabajadores, jubilados y comerciantes.
Pero mientras el tema dominaba conversaciones y generaba fuertes repercusiones en toda la región, la Unión Cívica Radical del Partido de Saavedra eligió mostrar otra escena en redes sociales.
Desde el comité radical de calle Maipú 84 de Pigüé comenzaron a difundirse videos y publicaciones vinculadas al análisis del cierre de ejercicio municipal 2025. En las imágenes aparecían dirigentes y concejales revisando expedientes, trabajando en computadoras y convocando a vecinos a participar de la actividad.
Y ahí apareció el ruido político.
Porque controlar las cuentas municipales no representa ninguna tarea extraordinaria:
es parte de la obligación básica de cualquier concejal.
Sin embargo, mientras el distrito empezaba a preocuparse por una medida que podría impactar de lleno en el bolsillo de miles de familias, la principal puesta en escena pública del radicalismo local pasaba por mostrarse “gestionando” expedientes administrativos.
El contraste fue inevitable.
Sobre todo porque diputados nacionales ligados a la propia Unión Cívica Radical terminaron acompañando con su voto una iniciativa que muchos sectores del interior consideran perjudicial para regiones frías como el sudoeste bonaerense.
Y frente a eso, la conducción radical local mantuvo silencio durante gran parte del día.
Ni el presidente del Concejo Deliberante, Julio Couder —uno de los dirigentes que ya empieza a posicionarse pensando en una eventual candidatura a intendente en 2027— ni los concejales Sandra Simón, Florencia Bros y Cristian De Fullop salieron rápidamente a cuestionar una medida que podría afectar directamente a miles de vecinos del distrito.
Y eso fue justamente lo que empezó a generar críticas.
Porque mientras la gente hablaba de:
- boletas de gas;
- garrafas;
- leña;
- pellet;
- y aumentos que podrían complicar todavía más el invierno,
el radicalismo local parecía más preocupado por mostrarse revisando balances que por fijar posición política frente a una medida impulsada y acompañada por sectores de su propio espacio nacional.
En el fondo, el enojo que empezó a crecer tiene que ver con eso:
la sensación de que cuando el ajuste toca directamente al interior y al trabajador común, muchos dirigentes locales prefieren el silencio político antes que confrontar con decisiones tomadas por referentes de su misma estructura partidaria.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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