(Por Ciudad Noticias): En apenas algo más de dos años de gestión, es decir poco más del 50 por ciento del mandato, la administración del intendente Matías Nebot empieza a mostrar un patrón que ya resulta difícil de disimular: inestabilidad interna, rupturas políticas y una relación cada vez más tensa con distintos sectores del distrito.
Los números hablan por sí solos.
En ese período el Ejecutivo municipal cambió tres veces la Secretaría de Gobierno, el área política más importante de cualquier gestión. También hubo modificaciones en otras dependencias, incluso con decisiones que para muchos resultaron difíciles de explicar: secretarías que pasaron a subsecretarías y reestructuraciones administrativas que parecieron responder más a movimientos internos que a una planificación clara.
El área de Relaciones Institucionales tampoco escapó a esa lógica y cambió no menos de tres veces, mientras que en el territorio municipal también hubo movimientos: fueron removidos delegados municipales en Dufaur, Espartillar y Arroyo Corto.
El área de salud, una de las más sensibles para cualquier comunidad, tampoco logró estabilidad. En poco más de dos años se registraron tres cambios en la Secretaría de Salud, dos cambios en la dirección del Hospital de Pigüé y otros dos en la conducción del hospital de Saavedra.
Pero más allá de los números, lo que realmente llama la atención es quiénes fueron quedando en el camino.
Entre los nombres que abandonaron el gobierno aparecen personas que, hasta hace poco, integraban el círculo de mayor confianza del intendente. El ex secretario de Gobierno Mariano Mansilla terminó fuera del gabinete, y detrás de su salida también dejaron la gestión Micaela Cellucci, considerada una persona de absoluta confianza de Nebot, además de los ex funcionarios Ignacio Fabre y Fiorela Calmels.
Ni siquiera los vínculos familiares quedaron al margen de esta dinámica. En su momento, Nebot también decidió apartar de su cargo a Valeria Buceta, su propia prima, quien se desempeñaba en el área de Relaciones Institucionales.
Las tensiones políticas tampoco tardaron en aparecer.
El intendente terminó enfrentado con la ex diputada Marisol Merquel, y mantuvo una relación zigzagueante con el concejal Nicolás Catalano, con quien durante el último año tuvo permanentes idas y vueltas. Incluso, según el propio Nebot manifestó en una entrevista con este medio, fue él mismo quien ofició como padrino político de Catalano durante la campaña electoral de las legislativas de 2025.
Las tensiones también alcanzaron a la Comisión de Fomento de Saavedra, una institución que en los comienzos decidió acompañarlo políticamente. Con el tiempo, aquella relación también terminó deteriorándose.
Pero en las últimas semanas apareció otro frente de conflicto: la relación con la prensa.
Durante mucho tiempo, el propio Nebot destacaba públicamente la libertad con la que trabajaban los medios del distrito. Incluso, en más de una oportunidad, valoró el trabajo informativo de Ciudad Noticias.
Sin embargo, esa relación cambió abruptamente cuando desde este medio comenzaron a formularse críticas hacia integrantes de su gestión.
A partir de ese momento, Ciudad Noticias dejó de ser convocado a conferencias de prensa y tampoco se concedieron más entrevistas al programa radial que conduce Pablo Peralta.
La novedad más reciente fue la aparición de un nuevo filtro comunicacional: ahora desde el Ejecutivo se indica que las entrevistas deben solicitarse a través de una coordinadora de prensa, un mecanismo que para muchos periodistas funciona como una especie de aduana informativa que decide quién pregunta y quién no.
El contraste resulta inevitable.
Porque no hace mucho tiempo era el propio intendente quien levantaba el teléfono para pedir espacio en los medios. Hoy, en cambio, aparece un sistema de intermediación que limita el acceso directo a los funcionarios.
En política existe una expresión que muchos utilizan con ironía para describir este tipo de procesos: el “síndrome del poder”. Ese momento en el que algunos dirigentes comienzan a ver enemigos donde antes veían aliados, reducen su círculo de confianza y empiezan a cerrar puertas que antes estaban abiertas.
Puertas adentro del distrito, algunos dirigentes describen justamente ese escenario: un intendente que cada vez tiene menos aliados, que ve fantasmas donde muchos aseguran que no existen y que parece moverse cada vez con más desconfianza.
Mientras tanto, el calendario político sigue avanzando.
Con 2027 en el horizonte, Nebot parece haber iniciado una etapa de búsqueda de nuevos respaldos, sin demasiadas distinciones ideológicas. Radicales, dirigentes del PRO, peronistas, sectores de izquierda: la seducción política parece extenderse en todas las direcciones.
La pregunta que empieza a circular en el distrito es inevitable:
si en apenas la mitad de su mandato la lista de rupturas, cambios y conflictos ya es tan extensa, ¿qué puede esperarse para la otra mitad?
Porque cuando en un gobierno los aliados se van cayendo uno detrás de otro, cuando las áreas cambian de conducción permanentemente y cuando además empiezan a aparecer filtros para hablar con la prensa, el problema difícilmente esté afuera.
Muchas veces, el problema está en la forma de ejercer el poder.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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