(Por Ciudad Noticias): En el derecho penal no se juega por aplausos. Se juega por la libertad. Sin embargo, para el abogado Diego Marezi, parece que el orgullo y la avaricia de cobrar honorarios más altos pesan más que la realidad técnica de un expediente. El resultado está a la vista: una condena de 7 años de prisión para su clienta, Stella Maris Distel, una pena mucho más alta de la que podría haber negociado si hubiera tenido la humildad —y la capacidad— de transar.

La soberbia de un falso superhéroe
El caso de la extorsión en Puan era una causa perdida desde el día uno. Con chats, transferencias bancarias y pruebas objetivas que acumuló el fiscal Rodolfo De Lucia, cualquier abogado con sentido común habría buscado una salida abreviada. Pero Marezi, en su afán de venderse como un «superhéroe» de tribunales, decidió ir a juicio pidiendo una absolución imposible.
La jugada le salió pésima. Mientras él sigue buscando ese triunfo épico que nunca consigue para «enrostrar» a este medio, su clienta ahora debe pagar con años de cárcel efectiva una estrategia que fue, lisa y llanamente, una ruleta rusa.
Un expediente que lo condenó de antemano
La prueba era demoledora: tres años de amenazas con fotos íntimas y un despojo de más de 4 millones de pesos, incluyendo pedidos absurdos por Mercado Libre que iban desde taladros hasta panificados. El error de Marezi se veía de «Saavedra a Ushuaia». Ir a un juicio oral con semejante carga probatoria no es audacia, es incompetencia.
El precio del ego
El Tribunal Criminal N.º 2 no dudó y aplicó una pena superior a la que la fiscalía había ofrecido inicialmente en una alternativa rechazada por la defensa. Es fácil jugar al héroe cuando los años de encierro los cumple otro.
Marezi volvió a demostrar que no sabe medir cuándo una prueba flaquea y cuándo el expediente es una sentencia firme. Al final del día, la diferencia entre un buen abogado y un penalista que «no gana nunca un juicio importante» se mide en años de condena. Y en este caso, el ego de Marezi se tradujo en una década arruinada para su defendida.
El fracaso en números:
La oferta rechazada: Una pena leve y una salida rápida.
La apuesta de Marezi: Absolución (con pruebas de chats y transferencias).
El golpe final: 7 años de prisión efectiva.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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