Por la Redacción de Ciudad Noticias
Lo ocurrido la semana pasada en Pigüé con el caso Capella no es un hecho aislado. Es el síntoma de una forma de ejercer la abogacía que prioriza el exhibicionismo mediático por sobre la eficacia jurídica. El abogado del «Diablo Diego Marezi», una vez más, intentó convertir un conflicto laboral y una agresión física en un escenario para su propio lucimiento, terminando en un fracaso estrepitoso: su cliente expuesto al ridículo y el acusado en libertad inmediata.
El «Estratega» que no fue: Su paso fugaz por la función pública
Muchos recuerdan el desembarco de Marezi en el vecinalismo de Matías Nebot. Llegó con ínfulas de «gran estratega» que manejaría los hilos del municipio, la justicia y los medios locales. Sin embargo, su arrogancia y falta de humildad chocaron de frente con la realidad.
Marezi duró apenas tres meses como Secretario de Gobierno, En ese entonces, intentó usar su chapa de ejecutivo para intentar mover «La Causa que no fue», donde la justicia archivó y fue contundente en el fallo. Su salida por la puerta de atrás fue la crónica de un fracaso anunciado. Fuentes cercanas al palacio municipal aseguran que el intendente Matías Nebot «se lo fumó en pipa» en menos de un año, dejando en evidencia que el supuesto manejo político de Marezi era solo una cáscara vacía.
La herencia maldita: El pacto con el Sindicato
Uno de los puntos más oscuros de su breve gestión fue su relación con el sindicato de Néstor Batista. En una maniobra que hoy asfixia las arcas municipales, Marezi habría sido el impulsor de aumentos salariales impagables. Esta irresponsabilidad financiera es la que hoy obliga a la gestión actual a reducir horas y ajustar gastos. Un «arreglo» que le salió muy caro al vecino de Pigüé, pero que sirvió para alimentar el ego de un funcionario que se creía intocable.
¿Ética profesional o marketing bizarro?
Lo más grave del último episodio es el quiebre de los principios básicos de la abogacía. Tras el caso Capella, Marezi promovió la publicación de textos donde se hacía «agradecer» por su labor, utilizando incluso imágenes de personas golpeadas sin necesidad alguna.
Especialistas en derecho consultados por este medio señalan que estas maniobras podrían violar el Código de Ética de la Abogacía de la Provincia de Buenos Aires. La ley prohíbe que los abogados se procuren clientes mediante publicidad gratuita o artilugios mediáticos. “La abogacía es una actividad onerosa, y el agradecimiento público por un acto ‘gratuito’ es una contradicción que huele a captación indebida de clientes”, explican.
Conclusión: Un pelado al que no se puede rapar
Como dicen en los pasillos de los tribunales: «Marezi no se puede desprestigiar porque no posee prestigio; es como querer rapar a un pelado». Hoy, la familia Capella se encuentra ante la dura realidad de haber sido usada para una operación de prensa que no obtuvo resultados judiciales.
No sería extraño que, en las próximas horas, busquen un patrocinio legal serio en la Ciudad de Buenos Aires para intentar limpiar el desorden que el «circo de Marezi» dejó atrás.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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