(Por Ciudad Noticias): La confirmación de lo que muchos temían terminó por desatar la furia en el interior del distrito. A pocas semanas de la Fiesta del Reservado en el Club de Pesca y Turismo de Pigüé, las máquinas municipales —esas que brillan por su ausencia en los campos productivos— han aparecido para dejar impecables los accesos al evento. Mientras tanto, las localidades de Saavedra, Dufaur y las zonas rurales periféricas confirman su sospecha: para la gestión actual, existen ciudadanos de primera y de segunda.
El «Efecto Laguna»: Arreglos para la fiesta, olvido para el trabajo
El despliegue de mantenimiento en el camino de El Marne y los accesos al Club de Pesca de Pigüé ha servido como un cachetazo para quienes transitan diariamente rutas intransitables. La indignación no es contra el evento en sí, sino contra la discrecionalidad de los recursos.
«En 60 años que tengo, el camino de La Josefina nunca estuvo en un estado tan deplorable», afirma un vecino, reflejando una realidad que se repite: huellas tan profundas que afectan incluso a camionetas preparadas para el barro. La respuesta oficial ante estos reclamos suele ser un libreto repetido: «Hay una sola máquina y un solo chofer». Sin embargo, esa escasez de recursos parece desaparecer mágicamente cuando el objetivo es la ciudad cabecera.
Un distrito fracturado: ¿Todo para Pigüé?
El sentimiento de abandono en la localidad de Saavedra y en las pequeñas comunidades es total. Los reclamos por el camino a La Ermita, el camino viejo a Dufaur o el acceso a la Unidad Penal caen sistemáticamente en saco roto.
La comparación es inevitable y dolorosa para el contribuyente del interior:
Para el ocio y Pigüé: Respuesta inmediata, maquinaria disponible y caminos presentables.
Para la producción y Saavedra: Promesas de «dar toda la vuelta», parches anuales (como el denunciado en agosto de 2025) y una red vial que obliga a los vecinos a buscar rutas alternativas para no romper sus vehículos.
El hartazgo de «los olvidados»
«Somos ciudadanos de segunda», es la frase que más resuena entre los trabajadores rurales y miembros de otros clubes de pesca que ven cómo sus pedidos mínimos de mantenimiento son ignorados mes tras mes. La gestión municipal enfrenta hoy una crisis de legitimidad en el interior del distrito: no se trata solo de pozos o barro, se trata de una percepción de injusticia geográfica.
Si la tasa vial se paga por igual en todo el partido, ¿por qué los beneficios se quedan mayoritariamente en la cabecera? Mientras las máquinas alistan la escena para la doma, los productores del resto del distrito siguen esperando que, alguna vez, la prioridad sea el que trabaja y sostiene al sistema todos los días del año.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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